Lo importante no es creer o no en Dios. Lo importante es no traicionar este poder que tenemos de pensar, juzgar y amar: lo importante es el espíritu, que es gracia y misericordia (…) Lo importante no es que el espíritu sea inmortal o no (no confundamos eternidad con perpetuidad). Lo importante es que sigo vivo mientras vivimos, mientras viven nuestros hijos y los hijos de sus hijos. Sólo esto depende de nosotros y exige todo nuestro cuidado
Teólogos y filósofos reflexionan sobre el nuevo ateísmo
Comte-Sponville